• Albeza Guzmán B.

Adultez y Sabiduría 45 a 65 años

Por Albeza Guzmán Ballesteros

De todos es sabido que lo único permanente en la vida es el cambio. En cada etapa de la vida hemos experimentado cambios, algunos han sido trascendentales para afectar el estilo de vida y nuestra respuesta adaptativa al entorno y, algunos, aunque intrascendentes para la salud, por ejemplo, como cambiar de peinado, no han dejado de ser importantes como tener el estilo de moda en la adolescencia, tinturarse para mejorar la imagen cuando se busca empleo a los 25, una calvicie a los 45, porque ellos contribuyeron a fortalecer o debilitar nuestra autoestima como pilar de la estabilidad emocional.



Llegando a las primeras canas después de los 50, cambia nuestra capacidad física, las necesidades nutricionales se vuelven más conscientes, la vida familiar se modifica al haber superado el período de formación académica de los hijos, la relación de pareja pide creatividad y entusiasmo, la actividad laboral se perfila considerando las mejores condiciones para el retiro, en fin, se experimenta una necesidad de desarrollo personal y trascendencia espiritual, social y cultural, puesto que el cerebro humano saludable, nos fue dado para el cambio y el aprendizaje permanente.

En este sentido la Unesco interpreta en el Informe Delors (1996) con sus cuatro pilares de la educación, un proceso permanente a lo largo de toda la vida en el que todo ciudadano trabaje para aprender a conocer, aprender a hacer, aprender a vivir con otros y aprender a ser, ya que el aprendizaje “es la única vía para responder a la exigencia de autonomía y de libertad de las personas en una sociedad en constante evolución.” [1]

Estudios sobre el desarrollo adulto afirman que “las tareas del desarrollo no sólo indican las metas que la persona debe perseguir, sino también aquellas que debe pasar por alto, llegada cierta edad. Mientras que las metas “adaptadas” a la edad se ven reforzadas y apoyadas socialmente, las metas “inadecuadas” quedan rechazadas y privadas del apoyo instrumental necesario.”[2]


Se vuelve crucial en este contexto del desarrollo, mantener la salud integral y en especial, la salud neuronal, mediante el aprendizaje permanente como parte de su estilo de vida, de modo que se pueda llegar a la siguiente etapa con todo el potencial de las facultades intelectuales, previniendo el daño cerebral leve (DCL), tan común en estos tiempos de estrés y pospandemia.


NeuroEduca se ofrece a contribuir con el aprendizaje de las personas de este grupo etario, considerando que los productos que ofrece, contribuyen a dotar la mente del adulto en madurez con herramientas cognitivas, psicolingüísticas y afectivas que ampliarán sus conceptos y capacidad argumentativa para defender propuestas y proyectos con rigurosidad científica, madurar en la búsqueda de sus temas de lectura y líneas de investigación, enseñar a niños y jóvenes los correspondientes instrumentos de conocimiento que manejará en nuestros cursos y a disfrutar de retos intelectuales.


Te estamos invitando a que planifique decididamente unas horas a la semana para el autoestudio en esta versión del aprendizaje permanente. Un cerebro estresado con las mismas rutinas necesita un nuevo nivel de desarrollo y sólo tú puedes actuar a su favor y hacerle prevención con nuevos retos. Quienes te aman, esperan recibir de ti sabiduría y esa se cultiva día a día, con un poco de persistencia, paciencia y confianza en mejores tiempos para todos.


¡Muchas Gracias!

[1] SABAN VERA, Carmen. Educación permanente y aprendizaje permanente, dos modelos teóricos diferentes. Revista Iberoamericana de Educación No. 52, 2009 En: https://rieoei.org/historico/documentos/rie52a10.htm [2] IZQUIERDO MARTÍNEZ, Ángel. Psicología del desarrollo de la edad adulta: teorías y contextos. Red de Revistas Científicas de América Latina, el Caribe, España y Portugal. 2007 p 71

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