• Albeza Guzmán B.

Conocer el cerebro para aprender mejor

Tomado de la Prensa: La Neuroeducación plantea entender el mecanismo del pensamiento para fundamentar las metodologías de enseñanza. Mientras la psicopedagogía tradicional se dedica a compensar debilidades, la neuropedagogía apunta a crear niños felices, que puedan llegar a ser la mejor versión de sí mismo y desarrollen todo su potencial.

POR ADRIÁN MARTÍNEZ Cada vez que aprendemos algo, se forman nuevas redes neuronales y cuanto más sabemos, más compleja es la trama.


"Enseñar sin saber cómo funciona el cerebro es como querer diseñar un guante sin nunca haber visto una mano", sostiene Leslie Hart, una de las pioneras de la Neuropedagogía, la rama de la Didáctica que busca mejorar el aprendizaje al conocer qué sucede en la cabeza de los alumnos cuando aprenden.

"La Neuropedagogía apunta a crear niños felices, no niños perfectos; a que cada uno pueda llegar a ser la mejor versión de sí mismo, que cada uno descubra su potencial -explicó Rosana Fernández Coto, directora de la Asociación de Neuroaprendizaje Cognitivo y de la Diplomatura en Neuroaprendizaje en la Universidad de Belgrano- La psicopedagogía tradicional, en cambio, se dedica a compensar debilidades".

"Se necesita un cambio en el paradigma educativo, porque cada vez hay más niños que se sienten fracasados, que repiten y abandonan, que tienen baja autoestima, que sienten que no van a poder, que no sirven para estudiar. Sin embargo, hay chicos que simplemente aprenden de forma distinta, no es que sean más o menos inteligentes", expresó Fernández Coto, autora de "CeRebrando la Neurodiversidad".

"Como cada cerebro funciona de forma distinta, lo ideal sería enseñar como cada uno puede aprender. Sin embargo, en aulas de 30 o 40 chicos, es utópico darle a cada uno lo que necesita. La Neuropedagogía trae herramientas para que los contenidos se puedan "repetir con novedad", para que el docente pueda apelar a la mayor cantidad de cerebros posibles", sostuvo.

EL APRENDIZAJE Según la neuropedagoga, cada vez que aprendemos algo, en el cerebro se forman nuevas redes neuronales. Cuanto más redes tenemos, más aprendizaje hemos logrado. Para que esto suceda, los contenidos hay que repetirlos, pero de forma novedosa, para despertar la curiosidad.

"Si un contenido lo enseño sólo una vez, se forma una red neuronal muy débil, que se desarmará fácilmente. Por eso hay tantas cosas que vemos en la escuela y que después nadie recuerda. Aprender algo es poder usarlo en el momento oportuno, no para un examen, sino para la vida, no importa el tiempo que haya pasado", sostuvo Fernández Coto.

El proceso por el cual el cerebro está constantemente armando nuevas redes neuronales se llama "neuroplasticidad" y es la base del aprendizaje. "Por ejemplo, cuando cambiás la contraseña de la computadora. Los primeros días usas la vieja, porque estás en piloto automático. Para recordar la nueva, el cerebro tiene que desarmar una red y armar otra, con repetición y esfuerzo"

Pata "repetir con novedad" la Neuropedagogía propone metodologías que tienen en cuenta la teoría de las inteligencias múltiples y la diversificación de las actividades en distintos canales: auditivo, visual y cinético.

"Por cuantos más sentidos pases un contenido, más le va a quedar al alumno. Hay chicos que aprenden más viendo, otros escuchando y otros haciendo. Si no te puede seguir una clase teórica, sentado y escuchando, podrá aprender experimentando con las manos. Hay chicos para los que el colegio es una tortura, porque no se le enseña de la forma en que ese chico sí puede aprender", enfatizó la neuropedagoga.

La misma visión expresó la especialista en Comunicación Humana con Programación Neurolingüística (PNL), Adriana Méndez, autora del libro "Equipos Resonates". "En cada clase tiene que haber algo para cada sentido: la docente que habla, algún dibujo, alguna cosa que hacer con el cuerpo. Incluso puede ser que un alumno que entendió se levante y se lo explique a otro. Al cerebro le encanta la novedad: hay que cambiar los bancos de lugar, sentarlos en círculos, romper la rutina", explicó.

LA ATENCION Uno de los ejes que permite modelar las clases de acuerdo a las necesidades cerebrales de los alumnos se basa en respetar los períodos atencionales. Según la Neurociencia, la atención plena de un adulto dura no más de 15 minutos. Nadie puede prestar atención por más tiempo sin pensar en otra cosa, más allá del interés del tema. En un adolescente, el períodos es de 10 minutos y en chicos pequeños, mucho menos.

"Cada 10 minutos de atención plena, hay que dar dos minutos de recreo mental. Puede ser una actividad de mindfulness (una técnica que nace de la meditación oriental), que estimula los lóbulos prefrontales, donde están las actividades ejecutivas complejas; o bien un ejercicio de metacognición, en el que el alumno haga dos o tres preguntas sobre lo que se estuvo hablando. Lo importante es que lo dejen procesar cada 10 minutos, con actividades cinestésicas, corporales, que oxigenen el cerebro y lo preparen para recibir información", ejemplificó Fernández Coto.

LENGUAJE ASERTIVO La Neuropedagogía también plantea que las aulas deben ser espacios "cerebrocompatible": con luz y temperatura adecuadas, agua disponible y mensajes positivos, para motivar a los alumnos.

"Un gran desafío es gestionar un clima emocional favorable para que el niño pueda aprender: que el docente tenga y favorezca en sus alumnos una comunicación asertiva -explicó Méndez-. Por lo general en la escuela hay enojos, gritos, reacciones, tristeza. Todo es humano, pero hay maneras de gestionarlo de forma adecuada".

"Los docentes, como todas las personas, tenemos modelos mentales, creencias sobre los otros. A veces, sin querer, le hablan al chico de una forma que lo frustra: "no servís para las matemáticas, sos malo para esto, siempre estás haciendo lío, este curso es ruidoso, es un desastre". Esta forma de comunicarse provoca serios efectos en el chico, porque se los cree. La Neuropedagogía permite trabajar con modelos mentales potenciadores: se puede entrenar para crear inspiración", sostuvo Méndez.

En ese sentido, la autora destacó que la necesidad de generar "desafíos adecuados". "Si le doy un ejercicio que no puede resolver, genero una situación de frustración y ansiedad. Si es muy simple, el chico se aburre. Los dos extremos generan distrés (estrés negativo) que es totalmente desfavorable para el aprendizaje. El docente tiene que ser un "líder resonante", que sepa motivar y genere sintonía con sus alumnos. Ir variando las consignas para todos los estilos de aprendizaje hace que los chicos vayan con ganas", sostuvo Méndez.

Fuente: http://www.laprensa.com.ar/471514-Conocer-el-cerebro-para-aprender-mejor.note.aspx

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